SANTO TOMÁS DE AQUINO. (Artículo de Carlos Corvalán Roldan)
Desde que tengo memoria, en el ámbito de la Enseñanza Secundaria (antes Media), la fecha del 28 de enero ha ido indisolublemente unida a la figura de santo Tomás de Aquino, al que se ha llamado y se ha considerado "Patrón de los Estudiantes".
No voy a tratar de glosar la figura y el legado de este insigne santo y doctor de la iglesia, además de filósofo, jurista y teólogo. Pero sí voy a referirme hasta qué punto la celebración de su efeméride se ha degradado al nivel de lo que se podría denominar "panem et circenses".
Antaño, cuando llegaba ese día, en los institutos se celebraba una misa, en la que, entre otras cosas, se pedía la intercesión del santo y patrono para desarrollar y finalizar, lo más exitosamente posible, los estudios, partiendo, por supuesto, del esfuerzo, de la voluntad, de la constancia, del espíritu de superación, de la crítica argumentada y razonada...
Era por ello que el Seminario de Filosofía (ahora esa palabra está "demodé" y ha sido sustituida por "Departamento"), sin excluir la participación de otros, preparaba una charla-conferencia que, generalmente también, era impartida por un catedrático de la especialidad.
Excusado decir que las competiciones deportivas y la posterior celebración concursal gastronómica, en convivencia y hermandad de alumnos y profesores, eran de obligada presencia.
Hoy, con esto del laicismo, que no pocas veces va acompañado - inconfesadamente- de jacobinismo, sin descartar lo políticamente correcto de "no ofender" a otras religiones y culturas, no se menta absolutamente para nada al santo, aunque, como es notorio, la fiesta sigue celebrándose en su nombre.
Si se hace un repaso de las actividades programadas en los centros con motivo de la efeméride, se observará que, sin excepción, todas llevan el "sello" de "inclusión", "no discriminación", "igualdad", "solidaridad", "multiculturalidad" e "interculturalidad", "autopercepción positiva", "perspectiva de Género"... Pero nada que, ni por asomo, guarde relación con la figura del santo.
¿Tan afrentoso sería unir a los antedichos valores (¿?) imperantes, charlas- debates sobre la formación universitaria del santo? ¿Tal vez no sería interesante recordar a sus maestros Alejandro de Hales y Alberto Magno, así como analizar la importancia y la trascendencia de la Escolástica en la cultura y la civilización occidentales, recordando, así mismo, a Anselmo de Canterbury, Pedro Abelardo, Duns Scoto, San Buenaventura...?
Excusado decir el dar unas pinceladas sobre su Summa Theologiae, su Summa contra Gentiles y su Scriptum super Sententias, añadiendo su concepción del bien y del mal, de la justicia, del buen gobierno, del matrimonio..., siempre desde el espíritu y la mirada críticos.
Nada de eso hay, porque se lo considera "carca", "trasnochado", "aburrido"... A los alumnos hay que darles "modernidad", "actualidad" y "divertimiento", como si la diversión (lo "lúdico" se dice ahora), y la cultura (el cultivo del pensamiento y la adquisición de conocimientos), estuviesen y fuesen reñidos y opuestos...
En todo caso, y como colofón, quizás sería más honesto moralmente y más adecuado festivamente, dejar el nombre del santo, no mentarlo, y, en su lugar, acuñar "Fiestas del 28 de Enero", "Día de los Estudiantes de Secundaria", o "Fiesta del Solsticio de Invierno".
Porque mentar a un santo, celebrar en su nombre, y no hacer, ni decir, ni realizar, nada que tenga que ver con él, es cuanto menos, un tanto absurdo, por no calificarlo de otra manera.


